Grafocata: descubre tu vino con tu letra

Imagina que quieres hacer un regalo especial, o, simplemente, quieres hacer algo diferente. Además, te gusta descubrir cosas nuevas y el mundo del vino te llama la atención. Seguramente ya has participado en alguna cata de vinos. Ya sabes, el color, la densidad, los aromas, las denominaciones de origen, el maridaje con los alimentos. Aunque maravilloso, no es nada nuevo para tí. Pero, ¿Te has parado a pensar qué vino es el que marida bien con tu personalidad? Seguramente, no. Pues hay un vino especial para tí. ¿Cómo puedes saberlo? Participando en una Grafocata. ¿Y qué es una Grafocata? Te doy una pista: Grafología y vino…mmmm, suena interesante, ¿Verdad? Grafointeriorismo se va de vinos. Descubre tu vino con tu letra.

Conocer nuestra personalidad a fondo nos puede ser muy útil para casi todo en la vida. Ya sabemos que el método más infalible que hay es el análisis grafopsicológico. Es nuestro cerebro el que escribe. El que utiliza nuestra mano para plasmar sobre el papel todo lo que somos. Nuestras inquietudes, vivencias, necesidades, anhelos. Nuestro carácter, forma de pensar y actuar. Porque la Grafología es un DAFO sobre nosotros mismos, que descubrimos tras aplicar técnicas proyectivas, la psicología y la neurociencia sobre el escrito que los peritos grafólogos tenemos delante.

Grafointeriorismo pone al alcance de cualquiera la posibilidad de conocerse a sí mismo para proyectar su personalidad en todo lo que le rodea. Ya sea a nivel profesional, en un evento señalado, en su imagen y en la decoración de su casa. Por lo tanto, si analizando la letra de una persona podemos ayudarle a conocerse para saber qué es lo que le va bien, y qué le puede hacer sentirse mejor… ¿Podríamos sugerirle el vino que marida con su personalidad? ¡Claro que sí!

Esta es la base de una Grafocata. A través del estudio previo de la personalidad del participante, podemos ofrecerle un mundo de sensaciones que va más allá de si te gusta más el tinto o el blanco. O si el tinto es para la carne, el blanco para el pescado y el rosado para la pasta. ¿Es posible que a una persona aficionada al vino blanco, podamos sugerirle, además, un vino tinto, por ejemplo? Sí, si conocemos su personalidad de antemano. Y así lo hicimos con mucho éxito.

En esta ocasión, contamos con la colaboración de Yliana Fernández, sumiller, de Enverotinto, y El Velázquez como restaurante.

 

Momentos de la Grafocata.

El primer paso fue conocer la letra de los participantes. Analizamos previamente la letra de cada uno de acuerdo al orden, la forma, el tamaño, la dirección, la inclinación, la velocidad, la cohesión, la presión y los rizos de la subjetividad. Así, aparecieron letras caligráficas, simplificadas… con el rizo del apoyo pasional a las ideas o el de la concordia… letras yuxtapuestas o inclinadas a la derecha…. letras presionadas, letras gladioladas, vibrantes, rítmicas… un sinfín de matices.
Ya sabemos que cada persona es diferente a otra y por tanto, no hay dos letras iguales, porque no hay dos personas iguales.  Pero también es cierto que cada uno tenía rasgos comunes con algunos de los otros.  Así pues, y tras el análisis grafológico de cada uno, hicimos tres grupos por afinidades de personalidad: los más atrevidos, los más conservadores y los más esenciales. 

Cada participante se descubrió singular y único, pero encontramos afinidades con algunos de los otros y por tanto, pudimos organizar 3 grupos de catadores de acuerdo a su afinidad.

A cada participante le entregamos un tarjetón con los principales rasgos de su personalidad. Los más atrevidos, en el grupo de color rojo, los más conservadores, en el grupo de los azules y los más esenciales, en el grupo de los verdes.

Tarjetones que entregamos a los participantes con los rasgos principales de su personalidad.

Hicimos 3 grupos por afinidades de personalidad. El rojo para los más atrevidos, el azul para los más conservadores y el verde para los más esenciales.

 

Una vez distribuidos los grupos, todos probaron un tinto y un blanco. Porque hay vinos capaces de seducir hasta al más exigente de los paladares. Todos los participantes se sumergieron en un mundo de sensaciones. Uvas tintas, uvas blancas. Uvas tempranillo, garnacha, verdejo…aromas de fresa, flores blancas, ciruela, frutas rojas, maderas…vinos aromáticos y afrutados. Vinos chispeantes, y jóvenes… Vinos con cuerpo, amaderados, sedosos…

Tras la cata, un pequeño ágape que aprovechamos para seguir conociéndonos todos y disfrutar de la velada. Resultó una experiencia maravillosa, porque además de que degustamos magníficos vinos, cada uno se descubrió un poco más a sí mismo y al resto de los participantes. Gente fantástica para una velada inolvidable.

 

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